Adherencia solera sobre forjado

Buenas, cómo conseguiríamos la adherencia entre una capa de 5 cm y una solera inferior existente de 20-25 cm?,  en elementos estructurales se recurre al desbaste de la capa inferior pero normalmente también se usan elementos mecánicos para el cosido ( armadura), que opciones hay en estos casos? gracias!
Domingo Mosquera
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Raúl Rodríguez Escribano
Hola, Domingo,
¡Has tocado un tema peliagudo! La extensísima patología que han dado estos recrecidos de soleras hace muy oportuna tu pregunta, que de por sí daría casi para un curso.
Las necesidades de actuación vienen impuestas, en primer lugar, por los esfuerzos rasantes que deban transmitirse entre la solera existente y el recrecido. Por tanto, antes de decidir si basta con preparar adecuadamente la superficie o si es necesario disponer armadura de conexión, habría que determinar esos esfuerzos.
Para ello, plantearía un modelo que represente la interacción terreno–subbase–solera existente–recrecido bajo las acciones previstas, considerando las características y deformabilidad del apoyo, la geometría y rigidez de ambas capas, las juntas y la posición y distribución de las cargas. El grado de complejidad del modelo debe ajustarse al problema, pero no puede ignorarse el apoyo sobre el terreno: su comportamiento condiciona los esfuerzos que se desarrollan en la solera.
A partir del análisis se determinarían los esfuerzos rasantes en la junta entre solera y recrecido, con una importante precaución que te indico más adelante relacionada con los fenómenos de origen higrotérmico. Y entonces puedes evaluar las necesidades de intervención apoyándote en la normativa (Código Estructural), que te permite determinar la capacidad de la junta en función de cómo es la superficie de contacto y, si resulta necesaria pues no es suficiente la "contribución del hormigón" -es decir, la capacidad de la junta sin armadura de cosido-, cuál es la armadura de cosido necesaria.
Así, un adecuado tratamiento de la superficie de la solera, eliminando la capa superficial débil y dejando una textura rugosa, con árido visto firmemente adherido, seguido de una limpieza exhaustiva (el art. 52.4 del Código Estructural recoge este criterio de preparación de las juntas), puede proporcionar una resistencia suficiente frente al rasante sin necesidad de armadura de conexión para esa comprobación. Debe verificarse conforme al Anejo 19, (art. 6.2.5,), considerando la rugosidad, la resistencia del hormigón y las tensiones normales simultáneas en la junta (atención a la precaución relativa a los fenómenos de origen higrotérmico que, como te decía, te expongo más adelante). Si esa resistencia no resulta suficiente, habrá que dimensionar y distribuir la armadura de conexión necesaria.
Ahora bien, los rasantes derivados de las cargas aplicadas no son las únicas solicitaciones que debe soportar la unión: también hay que considerar las originadas por la retracción. Aquí es especialmente importante la diferencia de edades. Si la solera es antigua y ha permanecido en condiciones ambientales relativamente estables, habrá desarrollado buena parte de su retracción, mientras que al recrecido le quedará todavía una retracción importante por desarrollar. La adherencia al soporte coacciona ese acortamiento y genera tracciones en el recrecido y esfuerzos tangenciales adicionales en la junta, incluso aunque las cargas de uso sean reducidas. 
Para su comprobación, plantearía la diferencia entre las retracciones que ambos hormigones desarrollarán desde el inicio del trabajo conjunto como una deformación impuesta en el modelo, considerando las edades, las condiciones de secado, la evolución de las propiedades y la fluencia. El Anejo 19 proporciona criterios para estimar estos fenómenos.
Además, debe prestarse especial atención al alabeo. Si la cara superior del recrecido se seca y se contrae más que la inferior, la capa tenderá a curvarse con concavidad hacia arriba y a levantar sus bordes y esquinas. Esto es especialmente peligroso para relaciones entre espesor de recrecido y distancia entre juntas (o bordes de ejecución que pudieran estar abiertos cierto tiempo) del orden o mayores a 1/50 - 1/60 (IECA, Manual de Pavimentos de Hormigón). Al impedir o limitar esa deformación, la unión queda sometida a tracciones normales a la junta, fundamentalmente en los bordes y particularmente en las esquinas. Estas solicitaciones son especialmente peligrosas para lo que estamos tratando de conseguir, porque tienden directamente a abrir la junta y a iniciar el despegue del recrecido. Una unión que resista satisfactoriamente el rasante no tiene por qué resistir esa apertura. Además, si la tensión normal resultante que actúa simultáneamente con el rasante es de tracción, el apartado 6.2.5 del Anejo 19 obliga a anular el término de cohesión en la resistencia a rasante de la junta. Por tanto, esas tracciones también condicionan la contribución del hormigón que puede considerarse en dicha comprobación. Para representar este mecanismo debe considerarse el gradiente de retracción a través del espesor, no únicamente una retracción uniforme. 
Por ello, en las franjas próximas a los bordes, incluidas las interrupciones temporales por juntas de hormigonado, valoraría combinar un adhesivo estructural adecuado para unir hormigón fresco con endurecido y armadura de conexión -aunque ésta no sea necesario por los esfuerzos debidos a las acciones-, prestando especial atención a las esquinas. No es la retracción la que necesariamente se concentra en esas zonas, sino los esfuerzos de transferencia y levantamiento derivados de su coacción, en ambos efectos (retracción diferencial entre solera existente y recrecido y riesgo de alabeo de este último). Plantearía el adhesivo como un complemento de la unión y los conectores como una vía resistente frente al despegue, sin sumar automáticamente sus resistencias. En particular, si dimensionamos los conectores para mantener la conexión ante una pérdida local de adherencia, no descontaría en ese escenario una supuesta aportación de la resina. Su empleo debe corresponder a un sistema definido y ejecutarse conforme a sus condiciones de aplicación: el puente de unión no sustituye la preparación del soporte y, mal aplicado, puede introducir un plano débil. 
En cuanto a las armaduras de cosido, una solución posible y habitualmente empleada son barras dobladas en «L», con una rama anclada en taladros de la solera mediante una formulación específica y la otra embebida en el recrecido. Pero, con solo 5 cm, hay que verificar especialmente el recubrimiento, el diámetro de doblado, el anclaje y la transmisión local de esfuerzos al hormigón. No basta con que la barra quepa: debe quedar eficazmente anclada a ambos lados. Si el detalle no resulta viable, habría que modificarlo o reconsiderar el espesor. 
Todo ello debe acompañarse de un material adecuado para ese espesor y de retracción controlada, una ejecución y un curado cuidadosos y una disposición de juntas compatible con la solera existente, sin bloquear las que deban permitir movimiento, pero tratando de materializar las que tenga pues, de lo contrario, será un punto de tendencia a la fisuración.
Si hay algún aspecto en el que quieras más información, por favor plantéanoslo y tratamos de ayudarte. Como ves, todo un mundo.
Saludos,
Raúl
27 sep 2026 - 15:07

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