Carbonatación y corrosión

Hola , en relación con el último gráfico, viendo la importancia de la carbonatación en la disolución de nuevos cloruros, ¿sería conveniente de cara a una reparación evaluar la profundidad de carbonatación y retirar toda esa capa más allá de las armaduras? estoy pensando en un forjado de viguetas de sótano zona cerca del mar ,  con hormigón antiguo tipo años 60-70 (elevada porosidad) , las armaduras fibra inferior con corrosión evidente  , el típico diagnóstico sería repicar por detrás de las armaduras, reponer armadura y reconstruir, pero esta actuación aunque a nivel estructural pueda cuadrar podría generar nuevos problemas a futuro si no se sanea el núcleo de las viguetas?
Domingo Mosquera
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Raúl Rodríguez Escribano
Hola, Domingo,
Muy interesante tu apreciación. Sí, conviene conocer la profundidad de carbonatación, pero yo no plantearía como criterio general retirar todo el hormigón carbonatado hasta sobrepasar el frente de carbonatación. En una estructura antigua y porosa como la que comentas eso puede ser, además de muy agresivo, prácticamente inviable.
Lo importante es determinar hasta dónde es necesario sanear para eliminar el hormigón deteriorado, descubrir y limpiar adecuadamente las armaduras y dejar alrededor de ellas unas condiciones compatibles con la durabilidad de la reparación. En un ambiente marino yo complementaría necesariamente la profundidad de carbonatación con un perfil de cloruros, porque lo verdaderamente importante es saber qué concentración queda a la cota de las armaduras y en el hormigón que va a permanecer después de la reparación.
Es cierto que la carbonatación puede liberar parte de los cloruros que estaban ligados en la matriz cementicia (dicho quizás muy simplificadamente) y favorecer su redistribución hacia el interior, pero eso no significa que haya que perseguir el frente de carbonatación eliminando todo el hormigón afectado.
Al descubrir las armaduras, además de sanear el hormigón deteriorado y limpiar adecuadamente el acero, conviene retirar también hormigón por detrás de la barra, de manera que la armadura quede completamente envuelta por el nuevo material de reparación. Con ello se reduce también el riesgo de que los cloruros existentes en el hormigón que permanece hacia el interior migren posteriormente hasta la armadura. Como orden de magnitud, una separación del entorno de 20 mm por detrás de la barra suele ser suficiente con los morteros de reparación de buena calidad disponibles actualmente, siempre que el diagnóstico confirme que no queda una contaminación excesiva inmediatamente más allá de la zona saneada.
Este saneado, especialmente en viguetas o elementos de pequeña sección, debe ejecutarse por bataches y con una secuencia adecuada, para no reducir de forma excesiva y simultánea la sección resistente ni debilitar la estructura durante los trabajos.
Una vez efectuada la reparación, tiene mucho sentido actuar además sobre la causa: limitar nuevos aportes de cloruros y, sobre todo, el acceso de agua, mediante una protección superficial adecuada. Lo que sí hay que tener presente es que esa protección no elimina los cloruros que ya se encuentran en el hormigón. Si tras el saneado queda una contaminación significativa alrededor de las armaduras, una reparación localizada puede no ser suficiente y habría que estudiar otras medidas complementarias de control de la corrosión.
Por tanto, más que «eliminar todo el hormigón carbonatado», yo hablaría de diagnosticar conjuntamente carbonatación, cloruros y estado de corrosión y, a partir de ahí, definir la profundidad de saneado, la secuencia de ejecución y el sistema de protección más adecuados.

¡Gracias por tus contribuciones, Domingo!
Saludos,
Raúl
1 oct 2026 - 18:08

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